domingo, 5 de julio de 2009

A vulgar taste of mine (treceava parte)


Se buscan valientes (Treceava Parte)
Por Armando Camacho

Me tomó tiempo recuperar el aliento, pero me tomó aún más tiempo repasar todo lo que había sucedido para entenderlo por completo. A aquellos sujetos los había mandado alguien, pero ¿por qué se meterían con Ari y conmigo? La repuesta me vino a la cabeza tan violentamente como un carro que choca contra un muro. Tome la mochila de Ariadna y salí del departamento. Barajas debía saberlo.

Mientras más me acercaba a mi destino mis extremidades se debilitaban y un leve mareo se apoderó de mí. No tuve mas remedio que detenerme y encender un cigarrillo. Baje la visera y revisé mi rostro en el diminuto espejo, ese no era yo. Al empezar el día yo era un hombre confiado, con esperanzas, de ojos luminosos y una sonrisilla que se dejaba ver de vez en cuando, ahora no reconocía a aquel sujeto del espejo con ojos enrojecidos y una expresión de asco.

Eran las once y media cuando llegue a casa de Barajas. Su esposa estaba llorando en la sala. Lo sabían.
-El pinche Ruso se llevo a mi hija para que se detenga el proceso contra Mora. El ojete de su abogado vino hace un rato. Están pendejos…
-Pues saca a Mora y que suelten a Ariadna. –rompí el silencio.
-¡Ahora… no saco a nadie! ¡Se van a chingar!…

Barajas había puesto a girar los engranes, unos judiciales estaban en camino a casa del Ruso y otros se dirigían con Mora por ordenes de un comandante, amigo de la familia. Tenían ordenes de obtener el paradero de la hija de Barajas a como diera lugar, pero el Ruso se había adelantado, se había largado del país esa misma tarde.

Mientras esperábamos, no tuve más remedio que contarle sobre nuestra relación, sobre los hombres que me habían visitado aquella noche y mostrarle la mochila roja de Ari. Barajas guardó silencio. No dijo ni una palabra. Se levantó y caminó hasta mí.
-¿¡Estabas con ella cuando se la llevaron, cabron!?
-No, yo no sabía nada hasta que esos tipos llegaron…
-¡Puta madre!… Quién sabe con que pinches locos esta.

Tomó un arma del cajón de su escritorio. Cuando lo vi empuñándola supuse que la utilizaría ahí mismo, contra mí, pero no lo hizo.
-Regrésate en chinga a tu departamento. Si regresan esos cabrones, quiero que les metas unos plomazos. ¿Entendiste? -decía mientras me colocaba la pistola en la mano y en la otra una caja de municiones.
-No creo que regresen ahí… no tiene caso
-¡Chingada madre!... ¡Tu regrésate! Le voy a hablar al abogado de Mora y le voy a decir que me acabas de hablar por teléfono, que me diste la descripción de esos güeyes y que tú viste cuando se la llevaron. Vas a ver que van a regresar…
-¡No mames… me van a matar esos cabrones! –objeté fuertemente.
-Ahorita le hablo al comandante Alba para que te mande unos agentes. Vamos a agarrar a esos cabrones.

Bajé la cabeza para pensarlo unos segundos. Tome la mochila roja, arroje dentro el arma y la caja de municiones.
-Ojalá tengas razón. –le dije y desaparecí por la puerta.

(Continuará...)

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