viernes, 3 de julio de 2009

A vulgar taste of mine (doceava parte)


Se buscan valientes (Doceava Parte)
Por Armando Camacho

El problema de Barajas y el Ruso no era de dinero, eso era seguro, sino de poder. Tal vez el Ruso se había cansado de utilizar a Barajas como intermediario entre los políticos y repartir sus ganancias. O tal vez algún negocio no salió tan bien como esperaban y era momento de usar un chivo expiatorio.

El tiempo de Barajas seguía corriendo, debía hacer algo para quitarse de encima al Ruso y a Mora, y lo hizo. Su amistad con varios diputados le había permitido adelantarse a las acusaciones, una investigación por malversación de fondos se llevaba a cabo a Sunshine S.A., compañía que dirigía Mora, el cual se encontraba arraigado por el momento en un hotel de la colonia Doctores. Era un pequeño aviso para el Ruso, no iba a dejar que esa bola de chamacos pendejos, como decía él, se lo chingaran.

Las seis de la tarde. Ariadna debía estar esperándome en mi departamento para esa hora, trate de llamarla para avisarle que tardaría más de lo esperado pero nunca contestó su celular. El tráfico de la ciudad era inaudito, dos camiones habían chocado sobre División del Norte. Estaba a unas cuantas calles del departamento, así que volví a insistir a su teléfono pero seguía sin responder, no le di importancia y seguí en espera de que liberaran el paso.

Minutos después, al entrar a mi departamento note que todo era silencio, la busqué en cada una de las habitaciones pero Ariadna no apareció. Había estado ahí, su mochila roja sobre el sillón la delataba, dentro encontré su teléfono con la batería casi muerta. Seguramente se aburrió de esperar y se fue al cine con Leticia, era demasiado inquieta como para esperar sentada mi llegada, o tal vez habían pasado toda la tarde recorriendo tiendas, probándose vestidos y zapatos para la foto de generación que les seria tomada la próxima semana.

Antes de que el reloj de la sala marcara las diez de la noche alguien golpeo a mi puerta. Algo soñoliento, me incorpore del sillón y me encamine para responder esperando que fuera Ariadna con un par de vestidos que mostrarme. Quienes habían tocado a mi puerta eran dos hombres malencarados, vestidos con chaquetas de cuero, pantalones de mezclilla y botas de trabajo.
-¿Franco Estrada? –preguntó uno de ellos.
-Si… ¿Qué desean? –no pintaba nada bien aquella visita.
-Es una visita de cortesía… se te avisa que estamos enterados de tu relación con Cinthia Ariadna Barajas.-dijo el sujeto de mayor estatura.
-¿Qué relación? ¿De qué carajos hablan?
-No te hagas pendejo, sabemos que te estas echando a esa chava, la hija de tu jefe…
-¿A quién chingados le importa a quien me este echando? ¿Quién chingados son ustedes para venir a estar jodiendo?

De pronto, un golpe en el estómago me dejo sin aire, al parecer no les habia gustado mi reacción a su amable cortesía.

-Mira pendejo, sólo venimos a decirte que ya sabemos que te la estas echando… y que Barajas se va a enterar muy pronto. –dijo el sujeto que me dejo sin aliento.
-Pos pa´que le corras, cabrón, porque a ese güey no le va a gustar lo que le hiciste a su hijita…-completó su compañero.

Uno de ellos dio media vuelta y se dirigió a las escaleras, el otro lo siguió.
-Si ese cabrón no te mata, dile que lo manda saludar Mora desde su cuarto de hotel. –dijo uno de ellos mientras se perdían por las escaleras y yo seguía inclinado recuperando el aliento.

(Continuará...)

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