martes, 30 de junio de 2009

A vulgar taste of mine (onceava parte)


Se buscan valientes (Onceava Parte)
Por Armando Camacho

Ser espía me había dejado una buena ganancia, pero parecía que todo había terminado. Barajas recibió tres meses para poner sus asuntos en orden y entregar la dirección al subdirector de finanzas, Rubén Negrete, mi jefe. En cuanto a mí, Barajas había cumplido su promesa de un ascenso, me recomendó para tomar el puesto de Negrete.

En apariencia todo iba a pedir de boca, la extinción de Barajas me dejaba libre de sospecha, el nuevo puesto incrementaba mis ingresos, Ariadna cada vez estaba más hermosa y el insomnio había desaparecido. Sin embargo, algo extraño ocurría con los últimos pagos transferidos. Empresas argentinas, chilenas y españolas habían depositado enormes cantidades de dinero que de ninguna manera correspondían al pago de nuestros servicios. Algo estaba ocurriendo.

Una semana después, Barajas me despertó a las tres de la mañana, quería verme lo antes posible en su casa. Su voz era diferente, seca. Supuse que era algo relacionado con el dinero que apareció mágicamente en las cuentas.

La oscuridad de la mañana aun cubría la ciudad cuando llegue. Las luces de su estudio estaban encendidas así que marqué a su celular, en menos de un minuto la puerta se abrió. Llevaba una bata color vino y el pelo revuelto, los ojos cansados, como si no hubiera dormido en toda la noche.

-Esos cabrones me quieren chingar. –decía Barajas con una voz profunda e impaciente.
-¿Quienes?
-El pinche Ruso y el ojete de Mora… están metiendo un chingo de dinero, Hacienda no se va a poder hacer de la vista gorda y me van a ensartar, cabron.

Alleister Pyrik, el Ruso, hijo de una canadiense y un ruso arraigados en Cancún, era conocido por ser un empresario exitoso que exprimía dinero de las piedras, también era conocido por las amistades que guardaba, tales como Miguel Mora. El tráfico de influencias nunca me había parecido tan cercano, pero comencé a ver que era moneda común. El Ruso era el director general de la compañía y junto como Mora, director de otra compañía y el contacto con los bajos mundos de la ciudad de México, tenían el control del lavaba el dinero.

-Es que… no entiendo, ¿De qué me esta hablando? Para que chingados es el dinero de las trasferencias de las compañías extranjeras. –le dije.
-Aaaaah no mames, como estas pendejo. Las compañías mandaban dinero desde antes que regresaras a la oficina, nosotros lo mezclamos, invertimos y mareamos a todos y después se los regresamos…
-Entonces… ¿las compañías sabían que estaba saliendo dinero de más en cada pago?
-No mames, pinche Franco, no seas pendejo. Esos ojetes me quieren echar a mi la bolita, cabron. Por eso te puse ahí, por eso… yo sabia que esos ojetes se traían algo. Desde hace cinco meses se pusieron a investigar los gobiernos extranjeros, nos quieren chingar por todos lados y esos weyes no se van a dejar.
-Pero ¿de dónde sale el dinero? ¿De los narcos?
-Pos quien sabe de donde chingados sale, pero de que hay unos cuantos políticos bien metidos, los hay.

Mientras más me adentraba a la historia de Barajas, más lejano me sentía de todo eso, yo nunca había sido un animal político ni mucho menos un ser con sueños de millonario. Mi instinto me gritaba que me largara de ahí y que continuara como si nada hubiera pasado.

De pronto, Ariadna entró a la habitación para despedirse de su padre antes de partir a la escuela, portaba el uniforme de su preparatoria y una mochila roja al hombro. Sus ojos enormes se abrieron aun más al verme ahí dentro, pero disimuló como toda una profesional. Le dio un beso en la mejilla y a mí sólo un apretón de manos. Su indiferencia me dolió. Segundos después un mensaje de texto vibró en mi bolsillo: “Eres un bobo, me asustaste. Te quiero”.

(Continuará...)

1 comentario:

  1. Buena tu historia, pero prometiste que harias llorar Fraco, que pasó todavia no te inspiras?

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