sábado, 13 de junio de 2009

A vulgar taste of mine (sexta parte)

Se buscan valientes (Sexta Parte)

Por Armando Camacho

Dos semanas han pasado desde que volví a la oficina, sigue siendo la misma oficina, con las mismas personas y los mismos muebles, sin embargo algo ha cambiado. Mi actitud. No me encuentro trabajando contra reloj ni trato de satisfacer a mi jefe, mi meta no es superar a nadie ni obtener un aumento o el puesto de alguien, no trato de fastidiar a nadie ni permito que nadie me fastidie. Solía pasar el día completo en mi cubículo, interrumpiendo sólo por algunas idas al baño, juntas y la hora de comer. Evitaba a mis compañeros, justo como cuando era niño; pero no más, ya no los evito, de hecho ahora disfruto su compañía, me rió de sus bromas y ellos de las mías, aunque sea por compromiso.

De todo el grupo de personas del piso siete, he notado que la contadora más joven, Alma, me mira cuando piensa que estoy distraído, ríe mucho con mis bromas, me busca constantemente para preguntarme cosas de su trabajo y a pesar del poco tiempo que llevamos de conocernos ha jugado con mi cabello un par de veces mientras platicamos. Creo que me encuentra interesante, tal vez nunca había conocido a un sujeto que no hable de fútbol y que prefiera ir a dormir los viernes en vez de embriagarse.

Otra persona que había llamado mi atención era Barajas, creo que trata de guardar las apariencias evitando acercarse, no ha vuelto a hablar de las transferencias y cuando necesita algo de mi, lo solicita a mi jefe inmediato. El martes pasado al llegar por la mañana encontré un teléfono celular en mi cajón con una nota que decía: “Para emergencias”. Ese mismo noche recibí una llamada, era Barajas y quería discutir algunos detalles de una transferencia que se realizaría por la mañana. Sonaba nervioso, tal vez su sangre fría sólo sirva para enfriar el alcohol que bebe porque para los fraudes tengo mis dudas.

Después de repasar sus instrucciones varias veces, me di cuenta que mi presencia no era necesaria en ninguno de los pasos del desfalco. Yo seria un simple espectador, era su espía privado para monitorear que los demás involucrados cumplieran con su parte, ninguno de ellos sabia de mi ni de las instrucciones de Barajas, sería un fantasma.

(Continuará...)

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