Se buscan valientes (Quinta Parte)
Por Armando Camacho
Recuerdo que de niño, y hasta que deje de serlo, mi padre me hizo sentir un fracasado. Crecí mirando caras aburridas e insensibles. En realidad, mis primeros recuerdos están teñidos de miedo e incertidumbre. Odiaba estar solo, me aterrorizaba la oscuridad y mucho más a la hora de ir a dormir. Nunca me gustaron los juegos y evitaba a mis compañeros siempre que podía.
Mis padres se divorciaron cuando cumplí seis años, a los dieciséis mi madre me echó de su casa porque encontró cocaína en mi pantalón de la escuela. Después de un corto exilio de cuatro años en casa de mi abuela en Michoacán, regrese a la ciudad de México, ingrese en la universidad y ocupé un cuarto en la casa de la nueva familia de mi padre; sin embargo, las cosas estaban cada vez peor, tarde o temprano la gente siempre terminaba decepcionándome.
Crecí y estar solo no me preocupaba más. Conseguí un trabajo. Alquilé un departamento en una zona clase mediera. Todo mi esfuerzo lo puse en ocupar un puesto más alto para poder satisfacerte, mi amor.
Diez años despues sigo rentando el mismo departamento, me case con la mujer más vengativa que he conocido, y ahora no quieres ni verme; no he tenido hijos, una de las razones por la cual me pediste el divorcio. Siempre peleando por dinero y lujos, amabas el estatus, los autos y no soportabas quedarte atrás en nada, lo querias todo y yo sólo queria una vida sencilla. Todo esto es más o menos lo que mis padres esperaban que sucediera conmigo, a pesar de sus grandes esfuerzos de aterrorizarme de pequeño sobre lo mal que la pasaría sino me convertía en alguien de buena posición.
Desde que te fuiste todos los días de la semana eran indistintos, horas interminables de trabajo y un estado de ansiedad y agobio, arrastrándome a fines de semana solitarios, aletargados, adornados con pastillas, polvos y algún disco de los Smiths. Siempre sentado frente a la televisión, ahí, recorriendo con los dedos los botones del control remoto. Escuchando los leves sonidos del reloj del cuarto contiguo, uno tras otro, resonando en mi cabeza, marcándome el ritmo. Con el fulgor azulado de la pantalla haciéndome parecer mas vivo de lo que en realidad estaba.
Afortunadamente creo que estoy mejorando, ya no pienso a toda hora en ti, sólo en ocasiones. Además, el nuevo trabajo me ha llevado por un rumbo que desconocía, según Barajas hacen falta más tipos como yo, capaces de aceptar lo que llegue; y al parecer Alma, la joven contadora siente una fascinación por los sujetos despreocupados con personalidad kamikaze, y uno de esos, mi amor, soy yo.
(continuará...)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

ME GUSTA LA VARIACION QUE TIENE LAHISTORIA, ME ENVUELVE EN EL MISTERIO DE LA PARTE NOSTALGICA Y POR OTRO LADO EL FRAUDE... BUEN TEMA!
ResponderEliminarMAR