Se buscan valientes (Octava Parte)
Por Armando Camacho
Los desfalcos a las compañías extranjeras seguían ocurriendo. El dinero era repartido a las cuentas de los interesados por mi jefe directo, pero incluso él, no sabía que yo era el pequeño espía de Barajas. Cada semana le entregaba una hoja con el seguimiento del dinero y a cambio de eso, Barajas, me entregaba el 1% de cada uno de sus depósitos. No era mal trato, dos veces al mes recibía diez mil dólares en mi cuenta, transferencia directa de la computadora personal de Barajas.
Barajas se empeñaba en seguir diciendo que hacían falta más hombres como yo, valientes, que no le tuvieran miedo al éxito. Tal vez se refería a que faltaban más idiotas que no tuvieran nada que perder por un rato de diversión y una lana.
A pesar de la tranquilidad que nuestro pequeño negocio transpiraba, no podía dejar de pensar que Barajas es un hijo de la chingada. No confío en nadie, no es nada personal sino cultural. Es imposible confiar en alguien que ha sido educado en la corrupción y la mediocridad, y Barajas era el ejemplo perfecto.
(Continuará...)
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