domingo, 14 de junio de 2009

A vulgar taste of mine (septima parte)

Se buscan valientes (Septima Parte)

Por Armando Camacho

Eran alrededor de las seis de la tarde y la lluvia comenzó a azotar el este de la ciudad, muchos corrían a refugiarse bajo los anuncios de los negocios y otros corrimos a la cafetería que se encontraba enfrente. Alma y yo recién salíamos del trabajo, las caminatas diarias al finalizar el día se volvieron comunes, eran una vulgar excusa para acompañarnos unos minutos más ya que parecía estar pasando algo entre nosotros desde mi regreso a la oficina. Ella llevaba una falda café de lana que dejaba al descubierto sus bien delineadas pantorrillas y su diminuta cintura, una blusa blanca con un escote delirante, pero lo más impactante en ella era su sonrisa y lo bien que sabia usarla para desarmar a cualquiera.

Entramos a la cafetería para escondernos de la lluvia, ella escogió una diminuta mesa junto al enorme aparador donde se leía: “Cafetería Moz”. Pedimos un par de capuchinos y charlamos durante quince minutos antes de que su novio, futuro esposo, comenzara a romper el encanto con llamadas obsesivas a su celular con las que amenazaba con recogerla en cualquier momento en la parada del autobús.

Se levantó de la mesa antes de que los cafés llegaran y se despidió con un leve roce de sus labios sobre mi mejilla. Me ofrecí a pagar por los cafés mientras la veía atravesar la enorme puerta de cristal. Probablemente su futuro esposo era uno de esos hombres que piensan que tener el cariño de una mujer equivale a confiar en ella.

Unos segundos después llegaron los cafés a manos de una mujer que me recordó a mi madre, no tuve el corazón para devolverlos. La cafetería estaba a reventar y había personas esperando de pie por una mesa. De pronto, una chica con uniforme escolar que había entrado mientras Alma salía, se acercó y me dijo:
-Amigo, te tengo una solución.
-¿Amigo? ¿Solución? –pensé. La mire sin saber de que hablaba.
-A ti te sobran una silla y un capuchino y a mi me falta un lugar para sentarme y un capuchino para quitarme el frió. –respondió con una enorme sonrisa.

No supe que responder. En ese instante un hombre salió del lugar y una corriente de aire helado entró. Termine extendiéndole la mano para que se sentará.

-Hola…me llamo Ari y ¿tu?
-Franco
-Yo voy a la prepa, supongo que tu trabajas por aquí, ¿no? Llevaba el uniforme de Santa Maria, un colegio de monjas bastante conocido. Seguramente era hija de algún empresario.
-Si, trabajo como a dos cuadras de aquí. –contesté mientras ella endulzaba el café de Alma con un sobrecito de Canderel y chupaba la espuma de la cuchara.
-Aaaaaaah, y ¿qué haces?, te ves muy joven para ser jefe pero bastante crecidito como para mensajero, aunque seguramente si trabajas por aquí ha de ser algo con números y dinero, tienes cara de contador… Aaaaaaaah, ya se, trabajas en un banco…-Su cara me parecía conocida.
-No… bueno, si trabajo con dinero, pero no es un banco es una…
-Tsssss… pues yo que tu mejor me salía de ahí, ya te están haciendo la cara de banquero…bueno, aunque cualquiera que se dedique trabajar diario con dinero no puede ser muy decente que digamos, ¿no crees?
- Oye… ¿no crees que es peligroso hablarle a alguien que ni conoces? Ademas, ¿cuántos años tienes? No creo que sea bien visto que una chava con uniforme de escuela de monjas…
-Cálmate. Es sólo un uniforme.
-Pero…
-Ademas, sólo estamos platicando y ya tengo 18 años, bueno… 17 pero en dos meses cumplo 18. -interrumpió ella.

Lo pensé durante un momento y tenia razón, era un miércoles por la tarde y sólo éramos un par de personas que platicábamos en un a cafetería esperando a que la lluvia finalizara, además, seguramente una de sus amigas entraría a buscarla en cualquier momento o incluso su novio, y se marcharía. Además, algo familiar habia en ella y pronto lo supe. Era Cinthia, la hija de Barajas.

-Oye… ¿cómo me dijiste que te llamas? –le pregunté para cerciorarme y ella se echo a reír, no podía negarlo, era la hija de Barajas, el escándalo la delató.
-Vayaaaa, por fin te acordaste de mi, eres una mala persona.
-Es que no te reconocí vestida así…además me dijiste otro nombre. -trate de defenderme con una sonrisa en la cara.
-Es que me llamo Cinthia Ariadna, pero me gusta más que me digan Ari. –contestó mientras levantaba la humeante tasa de café.

(Continuará...)

1 comentario:

  1. Que linda la chica. Me ha recordado a la vecinita del prota de 'Crónica del parajaro que da cuerda al mundo'.
    Asi da gusto haber entrado al mundo de los blogs =D

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