domingo, 7 de junio de 2009

A vulgar taste of mine (tercera parte)


Se buscan valientes (Tercera Parte)
Por Armando Camacho


-Alguien mato la noche. –balbuceaba un vagabundo en aquella avenida de viejos edificios del centro de la ciudad. -La mataron, la mataron…

El frió de la noche era intenso, diciembre seguía haciéndose sentir a cada paso y mi camisa no era lo suficientemente gruesa para evitarlo. Después de pasar la tarde con Barajas decidí despedirme y caminar un rato. Debía despejar la mente, la mayor parte de las palabras que salieron de su boca no tenían sentido, pero fueron las ultimas palabras las que me confundieron.

Apresuré el paso hacia la entrada del metro Bellas Artes. Con un poco de esfuerzo alcanzaría el último de la noche y estaría en mi cama antes de la una de la mañana. Antes de entrar me detuve unos segundos a darle mate al cigarro que humeaba en mi boca, lo tire al piso y lo extinguí con la suela de mi bota. Ágilmente me deslice por las largas escaleras esquivando a un par de vagos que pedían limosna.

Una vez en el anden me dedique a contar las monedas de mi bolsillo, no eran muchas, a penas lo suficiente para llegar a casa. A unos cuantos pasos de mi se encontraba un señora que miraba al piso, el cansancio se notaba a leguas. Del otro lado había un grupo de tres muchachos, bastante más jóvenes que yo. Dos de ellos discutían escandalosamente mientras el tercero, recargado en la pared, los observaba.

De pronto, la angustia de encontrarme lejos de mi departamento me invadió. Inserto un cigarrillo en mi boca y lo enciendo. No puedo esperar a llegar, pero la idea de encontrarme con las luces apagadas me inmoviliza ante tanta soledad que me espera, un diminuto departamento que seguramente me devorará en poco tiempo. De pronto, la propuesta de Barajas no parecía tan mala idea. Sería una manera de volver a empezar, pero ahora en un camino conocido.

Una semana es el tiempo de gracia que me dio para decidirme a regresar a la oficina, al parecer me devolvía mi empleo con la promesa de una promoción en menos de seis meses, pero nada es gratis, mucho menos viniendo de él.

(Continuará...)

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