miércoles, 24 de junio de 2009

A vulgar taste of mine (decima parte)


Se buscan valientes (Decima Parte)
Por Armando Camacho


La pintura de las paredes estaba desgastada, como si el sol se la hubiera tragado. El único sillón cubierto de una gruesa capa de polvo así como la televisión, pero Ariadna no le dio la menor importancia, me tomó de la mano y me arrastró por todo el pasillo hasta llegar a la habitación, era como si de antemano conociera el lugar. Me empujó hacia adentro y me tumbó sobre la cama. Mientras yo miraba idiotizado desde la orilla de la cama ella comenzó sacarse la blusa bajo el marco de la puerta, se acercó y se sentó en mis piernas, tomó con sus manos mi cabeza y la restregó en sus pechos. No aguanté más, desabotoné su pantalón y lo arranqué, alcé sus largas piernas y hundí mi rostro en su pubis. Nuevamente postré mi rostro en sus pechos y acaricie sus pezones con mi lengua. Con mis manos sobaba sus piernas y apretaba sus nalgas. Ella giró y yo quede abajo, me besaba el cuello y me cerraba los ojos con la palma de su mano. Mordía mi oreja y jugaba con su mano dentro de mi pantalón.

De pronto se detuvo. Acercó su boca a mi oído y dijo:
-Ojalá no te enojes, pero le dije a mi papá que me iba a quedar a dormir con Leticia... ya ves que dejan mucha tarea en la escuela.

A las seis cuarenta y cinco de la mañana desperté sobresaltado. En un principio desconocí el lugar pero inmediatamente su aroma llegó a mi nariz y lo recordé todo. Ariadna dormía a mi lado tranquilamente, sus clases comenzaban en quince minutos pero no me atreví a despertarla, pensé que tal vez podríamos eludir la cotidianidad, dormir un par de horas más, reportarnos enfermos y seguir lo que comenzamos la noche anterior. Ari abrió sus enormes ojos y me jaló de nuevo a la cama, probablemente ella había pensado lo mismo mucho antes que yo.

Ariadna me despertó brincando sobre la cama y gritando que tenía hambre, era más de medio día y el romance había desaparecido. Aún con la vista nublada logre percatarme de su desnudez, incluso su silueta borrosa era hermosa. Cuando me incorporé se abalanzó sobre mi y me beso. Hicimos el amor nuevamente un par de veces antes de que el hambre nos traicionara. Tuvimos que vestirnos y salir.

Entramos a un Sanborns ubicado en División del Norte y Eje 6. Ariadna revisó su celular en caso de que su madre hubiera llamado, pero no lo hizo. En cambio, en mi celular había cinco llamadas de mi jefe y otras tantas de Barajas.
-Creo que tu papá me extraña más a mí que a ti. –le dije
-Eres un tonto…-me ignoró porque la comida había llegado, o probablemente porque sabía que era cierto.

Había escogido el peor día para faltar al trabajo, o tal vez el mejor. Barajas había sido despedido aquella mañana. De entre todas sus corruptelas que había cometido, el despido no había sido causado por ninguna de ellas, sino por la crisis. La compañía no podía darse el lujo de mantener en su nomina a personas tan poco productivas y con sueldos tan grandes.

Las llamadas de Barajas eran para invitarme a su despedida que se había organizado en El León de Oro, su cantina preferida. Mientras Barajas se despedía de su puesto con tequila, yo regresaba a mi departamento con su hija.

(Continuará...)

2 comentarios:

  1. Wow!! las descripciones de cada escena son tan claras que te llevan a imaginar y a vivir cada momento. La historia está de lo mas interesante y me imagino que tiene algo de autobiografía sobre todo en esta decima parte no?? jajaja (broma)... excelente ya quiero que continúe porque ya me dejaste intrigada.

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  2. ME GUSTO MUCHO EL ULTIMO VERSO, ESA RIMA ESTA GENIAL

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