miércoles, 10 de junio de 2009

A vulgar taste of mine (cuarta parte)


Se buscan valientes (Cuarta Parte)
Por Armando Camacho

Desperté a primera hora del lunes, desempolvé mi atuendo de oficinista, adorno de mi closet. Me disponía a desayunar algo pero me percate de que la comida no aparece sólo porque uno desee comer, y a decir verdad, la falta de comida estaba minando mi cordura. El dinero no era problema, en el banco contaba con una modesta cantidad consecuencia de mi despido, pero el dinero no compra voluntad, y a mi la voluntad se me acabo hace tiempo.

“Visitante” se leía en el hermoso gafete azul que el vigilante me había obligado a usar y en las paredes de espejo del ascensor se observaba una capa de polvo en mis zapatos y que mi cabello necesitaba un corte. En cuanto entré al piso siete no pude evitar las caras familiares, mientras caminaba a la oficina de Barajas muchos saludaban, extrañados por mi regreso. La visita a Barajas fue mínima, la calidez del día anterior había desaparecido, se dedico a mirar todo el tiempo al monitor y a imprimir la orden de contratación, para cuando di un paso fuera de su oficina, la hoja todavía guardaba el calor de la impresora.

No me molestó su indiferencia, pero sus últimas palabras serán difíciles de olvidar:
-Vamos a ganar mucha lana, cabron, un chingo de lana, nos los vamos a chingar bien rico. –dijo con una enorme sonrisa que dejaba adivinar la emoción que le provocaba toda aquella situación que se aproximaba.

La carta anunciaba mi contratación en el área financiera de la empresa, específicamente en la encargada de verificar las transferencias internacionales. La fuente del dinero se vislumbraba fuerte y clara.

Para las diez de la mañana me encontraba fuera de aquel edificio, hambriento y dispuesto a cojerme a los inversionistas.

(Continuará...)

1 comentario:

  1. bueno pues esperare la proxima parte por que esto se pone muy interesante

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